El asiático nativo colombiano
Sin lugar a duda, Pablo no es de este continente. Lo más peculiar son sus ojos, pues da la sensación que los tiene entre cerrados como si mantenerlos abiertos implicara un esfuerzo astronómico. Nunca pensó que esa característica llegara a cambiar su identidad de un momento a otro. Sin embargo, sus amigos se percataron antes que él se diera cuenta que tenía un parentesco con los asiáticos. Fue en ese momento que paso de ser un niño colombiano común y corriente a ser el asiático que hoy todos conocen como “Wong”.
Si alguna vez te lo encuentras; no te preocupes por los desmesurados morados que tiene alrededor de sus ojos, puesto que no se ha metido en ningún altercado. El culpable de los colosales morados que ocupan su zona inferior de los ojos es el sueño. Ha llegado al punto que, acostarse antes de las 12 de la noche sea motivo suficiente para que él este feliz y dormir menos de 6 horas sea algo normal en su vida. Es consciente que la falta de sueño se debe a que tiene el ojo más grande de lo que en su mente piensa que puede acaparar. Se inscribe música, olimpiadas, basquetbol, que esto, que lo otro y en su mente piensa que logrará cumplir con todas las metas que se propuso. Desafortunadamente ya es demasiado tarde cuando se da cuenta que está sofocado.
En su mente siempre todo debe ser perfecto y le disgusta cuando no lo logra. Aunque normalmente esto se considera algo bueno, en Wong es un gran defecto y desventaja. Esta perfección genera barreras que difícilmente puede derribar. Se estanca en errores insignificantes que le impiden saltar estas barreras cuando se le presentan. Dificultades que normalmente una persona se demora 5 minutos en resolver, a Wong le tarda un mes. Esto le recuerda la anécdota que su mamá siempre relata en las reuniones familiares: cuando Wong tenía 2 años, ella no lo podía sacar de la ducha hasta que los frascos del shampoo no estuvieran perfectamente ordenados por tamaño.
De vez en cuando, Wong tiene una faceta de parálisis donde el miedo al fracaso se apodera de él y es incapaz de moverse. Envidia a las personas que no tienen miedo a nada porque a él le gustaría tener esa facilidad para actuar sin temor a “si fracaso, seré criticado y nadie se va a olvidar de lo ocurrido”. Es por esto que presentaciones en público son de las cosas que más le causan pavor. A pesar de que haya ensayado múltiples veces sus presentaciones, cuando llega el momento de la ejecución, todo lo que ensayó se evaporan de su mente.
A pesar de las dificultades que se le presenten, sabe que, con esfuerzo y dedicación, logrará superar sus adversidades. Las visualiza como retos que no son imposibles de superar pues sabe que lo único imposible es aquello que no se intenta.

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